Un sueño rarísimo

La semana pasada tuve un sueño de lo más extraño, del que me acordaba por completo al día siguiente. En general, me suelo despertar sobresaltado, sorprendido o contento por mis sueños, pero sin poder, al cabo de pocos minutos, acordarme lo más mínimo.
Pero en este caso, fue distinto. Debió ser un día que no subí a la facultad por la mañana, porque estaba Javi (Ibarra) en casa, y para que eso suceda, o son las 8 de la mañana, o ya volvió de Inglés. Así que cuando pretendí contarle qué había soñado, me acordaba de casi todo:

El sueño sucedía en Maniños, en As Escadas, nuestra casa. Era un día soleado, más primaveral que veraniego: cielos despejados con alguna nube perdida, una temperatura tibia, y esa sensación de luminosidad tan propia del buen tiempo. El caso es que estábamos, en casa, mi tía y dos de mis primos, mi hermano, mis padres y yo. Y estábamos hablando de lo bonito que era viajar, de lo bien que estaría hacer un viaje juntos, y, con esa facilidad propia de los sueños, decidíamos irnos de viaje "por ahí", en ese mismo día.
En ese momento, aparecían en escena mis abuelos, los 4, y todos asumían, con la mayor naturalidad del mundo - ¿qué otra cosa cabría esperar? - que se deberían quedar en nuestra casa, cuidándola, y alimentando a nuestro perro y al de mi tía. Con todo eso organizado, prácticamente sólo faltaba que hiciéramos la maleta, y partiéramos. Hasta ahí, un sueño más o menos normal.
Abríamos el portal, y mi tía y sus hijos salían antes que nosotros, iban ya de camino al aeropuerto. Creo que alguien más (o mi padre o mi hermano, o ambos) iba con ellos: en el resto del sueño sólo recuerdo a mi madre metiéndome prisa.
Y en esas estábamos: el portal abierto, ellos saliendo, y yo organizando ya todo para coger el coche y seguirlos. Momento en el que entra en la finca un coche, a bastante velocidad, y con toda la naturalidad del mundo. Llega hasta abajo, cerca del muro, y aparca. Alucinante. Yo ya estaba con la mosca tras la oreja: no me sonaba de nada el coche, y cuando lo vi pararse, ya dije a mi madre: si este señor no tiene nada que ver con vosotros, la monto. Eso fue lo que pasó: el señor se baja del coche: un tío alto, de unos 50 años, corpulento pero no gordo, y con pelo cano peinado hacia atrás, no muy largo. Mi madre no lo conoce de nada, y allá me dirijo yo, todo encendido:
-¿quién es usted, y qué está haciendo aquí?
-¡NO TIENES NINGÚN DERECHO A GRITARME! ¡ME DA LA GANA DE APARCAR AQUÍ, Y APARCO AQUÍ!
Ahí, la sensación que experimenté fue la de quedarme totalmente cortado, como si el señor tuviera razón. Pero en una fracción de segundo, vi la sonrisa de satisfacción del fulano, convencido de haberme intimidado, y recuperé la determinación:
-¿COMO QUE NO PUEDO GRITARLE? ¡ESTÁ EN NUESTRA PROPIEDAD, SIN HABER SIDO INVITADO: NO TIENE NINGÚN DERECHO A METER SU COCHE AQUÍ, Y MENOS AUN A DEJARLO QUEDAR¡ !SALGA AHORA MISMO!
-NO ME DA LA GANA. ÉCHEME SI QUIERE
-Voy a llamar a la policía. Haría mejor en irse ahora - le dije con mucha más calma. Y saqué un teléfono, y me puse a marcar. El tema es que el fulano hizo lo mismo: sacó algo, y se puso a escribir, y, con una sonrisa socarrona, dijo:
- A ver a quién creen.
Y ahí yo me estresé: intentando teclear rápido, no acertaba, y ponía números al azar. Me daba cuenta, los borraba, y los volvía a teclear, sólo para equivocarme de nuevo, mientras el tipo se reía, hasta que por fin acerté:
-Policía, ¿diga?
-¿Es la policía? Quería denunciar una invasión de intimidad. Digo, un nosequé.
Vamos: no recuerdo qué le decía: sólo sé que era una tontería, y que me estresaba todo, al no salirme lo que le quería decir. Hasta que dije "allanamiento de morada". La chica también tuvo su momento inhábil, y no sé qué me dijo, que al momento estaba diciendo
-Perdona, pensarás que soy muy burra.
-No, mujer, no pasa nada, todos nos equivocamos a veces - pero alucinando "por dentro"
A continuacion se sucedió un extraño diálogo: ella me preguntaba por qué estaba el portal abierto, a lo que yo contestaba diciéndole que nos íbamos de viaje.
-¿Placer o ocio?
-¿Perdón?
-¿Placer o ocio?
-¿Es esto necesario? Sólo tiene que enviar un coche patrulla.
A parte de que decía eso mismo: placer o ocio (por más que sean cosas bastante semejantes :P ), la conversación no dio más de sí.
-Estoy empezando a pensar que sí que es usted bastante incompetente, por el amor de Dios. ¡Mándeme un coche y déjese de preguntas idiotas! - Ya había perdido totalmente los papeles.
Y mientras tanto, el señor aquel, riéndose de mí, como si todo le estuviera saliendo según sus planes, y mi madre quejándose de que llegaríamos tarde por mi culpa...
Así que perdí los nervios y le lancé el teléfono, que a esas alturas era ya un inalámbrico de tamaño considerable. Le acerté en toda la cabeza, y luego seguí descargando puñetazos. Vamos, me quedé muy a gusto, y le dejé una cara nueva. Y así acabó el sueño

Ahora, recapitulando, encuentro sentido a varias cosas:

  • Lo del teléfono: un episodio de CSI Miami, en el que una secuestrada intentaba llamar a un número, y llamaba a otro. Luego Horacio calculaba qué números podría haber querido marcar.
  • Lo de lanzarle un inalámbrico enorme: el lunes, hablando con Juan, Fran, Maite y Gloria, comentaban que colegas suyos habían salido de farra con el inalámbrico de casa en el bolsillo
  • Lo del viaje, supongo que porque mi tía se fue a Turquía no hace mucho, y estuvo en navidades contándonos sus experiencias en el viaje.
  • Y lo de mis abuelos, porque casi todos los fines de semana vienen a comer con nosotros. El hecho de acabar a leches... será agresividad mal encauzada :P

De cualquier modo, la moraleja es: Si quieres hacer algo bien, hazlo tú mismo

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