Pinchar en hueso
Tras los trámites iniciales ("¿te duele?", "¿te mareas?", etc), todo iba bien. De hecho, incluso me había sorprendido la rapidez del proceso.
Sin embargo, cuando fui a la silla a sentarme mientras le tocaba el turno a mi hermano, la cosa se puso, literalmente, negra. Poco a poco fui viendo cómo me mareaba, cómo perdía visión, y cómo estaba próximo a perder el sentido (sí: recordaba esa experiencia de cuando me arreglé la cara, saliendo un jueves). La pobre enfermera no sabía qué hacer:
-¿quieres un vaso de agua?
-¿eh?
-¿quieres un vaso de agua?
-¿eh?
-Agua, ¿tienes sed?
-Ah, sí. - sin tocar el vaso -
El caso es que la situación fue bastante extraña. Primero me dio el chungo más fuerte. Luego me recuperé, y empezaba a ver de nuevo. Pero, a continuación, en vez de acabar de ponerme bien de todo, me dio otro bajón. La tensión que pasaron la enfermera y mi hermano mientras me movía, lastimosamente, hasta la camilla, fue enorme
. Allí, con las piernas en alto, y una toalla húmeda en el cuello, acabé por recuperarme.
Y no por ser una frase típica dejó de hacerme gracia el comentario de la enfermera.
Joer, con estos sustos, me acaba de quedar el pulso como para robar panderetas...
En fin, chicos. Sacarse sangre está bien. Pero marearse no